HABLA EL OVEJA HERNANDEZ

Aunque le falte poco para sumar su cuarta intervención en Juegos Olímpicos, como representante de un básquetbol argentino que ha participado apenas ocho veces de esa competencia en toda la historia, Sergio Santos Hernández no duda. Ya lo ha dicho: él hubiera preferido ser jugador (“jugador por muchos años de la Liga Nacional, olvidate”) antes que Entrenador de Sport Cañadense, Deportivo Roca, Regatas de San Nicolás, Estudiantes de Olavarría, Alerta Cantabria, Boca, Peñarol, Uniceub, la Generación Dorada, El Alma, Zaragoza y lo que venga.

Hernández es habitante de una zona de Núñez donde se mezclan la burbuja de Obras, las ilusiones de los pibes que empiezan en Ciudad, Banco Nación, Náutico Buchardo y Platense, pastas de La Madonnina, ojos de bife de la parrilla Besares y panqueques de Rojo y Negro. Es un rectángulo basquetbolístico entre las avenidas Cabildo y Libertador, con límite sur en Manuela Pedraza y norte en la General Paz. 

Por allí sale a caminar, eventualmente a correr, este bahiense peregrino de varias ciudades, con una gorrita que lo rejuvenece y una condición física meritoria para un hombre de 57 años.

-¿Cómo llegás a este nuevo desafío olímpico?

-Divido la parte humana de la técnica. Como persona me ha afectado bastante la pandemia, incluso mi vuelta de Zaragoza tiene mucho que ver con eso. Me preocupa lo que está pasando. Alguno podría decir que lo único importante es dentro de la cancha pero yo no lo puedo separar, no me es ajeno y me genera una gran incertidumbre. Como Entrenador, por supuesto, llego con muchas ganas y mucha ilusión de volver a juntarme con este grupo y a dirigirlo. Desde el Mundial hasta hoy varios jugadores han dado un salto de calidad, por experiencia, porque mejoraron su competición o porque comenzaron a tener un rol más preponderante en sus equipos. No sé si vamos a jugar como en China y tampoco sé si vamos a pasar de ronda, pero eso no impide que deje de reconocer los progresos de Brussino, de Lapro, de Deck, de Campazzo, de Vildoza, de Gallizi…

-Puede ocurrir que Argentina, con mejor equipo que en el Mundial, quede eliminado en su zona olímpica.

-Sí, claro. Primero debemos recordar que clasificarse a los Juegos ya es valioso. Nosotros vamos a enfrentar a España, último campeón mundial, y probablemente a Lituania o Eslovenia. Son candidatos naturales a una semifinal olímpica. Además está Japón: local, con un Entrenador FIBA de primer nivel que nos conoce y varios jugadores de gran portento físico como Hachimura.

-Si el equipo no se clasifica, la lectura, el título de un portal, va a ser: del segundo puesto en China al fracaso en Japón. ¿Cómo se vive?

-El deportista está expuesto todo el tiempo. Mientras en ese portal escriben del fracaso o incluso del éxito, nosotros ya estamos haciendo otra cosa. Mientras acá se seguía hablando del segundo puesto en China, Campazzo y Laprovittola arrancaban los entrenamientos con Real Madrid y en el club les decían todo lo que apuntaban a ganar, yo entraba a un restaurant y me aplaudían… Entendemos que esto es así. Irte con la conciencia tranquila amortigua todo. Además, si nos eliminan van a poner la palabra fracaso. ¿Qué otro título esperás?

-¿De la lista de 15 se puede hablar?

-¿Qué quieren saber?

-Por ejemplo, la situación de Garino.

-Espero que la lesión no sea un impedimento para él. Le faltará ritmo, pero lo que él hace es diferente a crear: ayuda en defensa, juega sin el balón. Estoy convencido de que sin Garino no jugábamos la final del Mundial: defendió a Fournier (Francia), a Bogdanovic (Serbia), a Ponitka (Polonia). Con jugadores como Garino y Campazzo no hay que ordenar tanto la táctica defensiva, como en su momento con Nocioni. A Garino lo vamos a esperar hasta último minuto.

-¿Tenés definidas las posiciones de los cortes?

-Lo lógico serían dos internos y un perimetral, pero en una preparación a veces surgen cosas que te llevan a cambiar de planes.

-¿Cuál va a ser la búsqueda en los días de preparación?

-En el Mundial conseguimos algo difícil de lograr: combinamos agresividad, concentración y alto nivel táctico-estratégico sin pasarnos de rosca. Tal vez algún rival, obviamente no España, nos subestimó. Eso no volverá a pasar. Ya nos conocen.

-Al margen de medallas, ¿qué dejó la Generación Dorada?

-Era un grupo que no tenía miedo a perder, esa fue una de sus grandes virtudes. Es difícil enfrentar a alguien que no está asustado. A la Generación Dorada nunca le escuchamos una excusa. 

-Sos un hombre público. En la grieta que hoy divide a la mayoría de nuestra sociedad, ¿te identificás con algún sector?

-No me enarbolo. La grieta se ha encargado de no dar la posibilidad de imaginar otra cosa. No creo en eso. Entiendo a la política como algo fundamental que tiene la humanidad para lograr que vivamos mejor, pero veo que la utilizamos mal muchas veces. Nos estamos haciendo los boludos mirando para el costado. Que haya gente muriéndose de hambre es político, porque comida hay. Somos tolerantes con cosas que no debemos aceptar e intolerantes con otras sin tanta relevancia. Me tiene muy angustiado que no nos demos cuenta de que nos ponen de un lado o de otro. Si yo pienso que un entrenador presta un servicio, mucho más todavía un político.

-Aflojemos un poco. Imaginá que se superponen la final de nuestra Liga con la de NBA y, por alguna rareza horaria, la de Euroliga. ¿Cuál ves?

-No me pierdo una final de Liga Nacional. Nunca. Grabo las otras.

-Nombrá a los cinco jugadores más importantes en la historia de la Liga.

-¿Valen Ginóbili, Scola, Nocioni?

-No, no… Jugadores que hayan sido determinantes en nuestra competencia, de actuación prolongada, líderes de equipos, campeones. 

-Uh, es brava esa. Por orden cronológico: Cortijo, Milanesio, Campana, Gutiérrez, Quinteros y Aguirre.

-Eran cinco.

-Dejame poner a uno más. Y quiero aclarar algo. Cuando Campazzo la rompía acá, uno escuchaba que no se lo podía comparar con Ginóbili que había triunfado en Europa y jugaba en la NBA. Ahora no se puede comparar a Aguirre con Campazzo, por lo mismo de antes. ¿Vos te pensás que Campazzo no respeta a Aguirre o que Aguirre va a ponerse nervioso si le toca jugar con Campazzo? Sin atletas no existe el deporte. Lo más importante de la Liga es el jugador: hay que empoderarlo desde los clubes, desde los medios… La NBA se vende desde LeBron, la Euroliga desde Gasol. 

-Ya que mencionás a los jugadores, ¿cómo explicás que Argentina, si su Liga teóricamente ha caído tanto, esté por juntar a cuatro en la NBA?

-Es raro: un país con pocos habitantes, sin política deportiva, con el deporte solo en los clubes, con apenas 5% de chicos federados en todas las actividades, con un biotipo que no nos favorece. Es un estudio para hacer. He visto centros de entrenamientos en todo el mundo que nosotros no tenemos. El mejor Peñarol no podía entrenar a la mañana en el Poli porque a la noche había un show de Extravaganza. ¿Fueron a Minas Tenis en Belo Horizonte? Tiene 75.000 socios, un estadio con aire acondicionado. Nuestro romanticismo no existe en ningún lado… Tal vez todas las dificultades nos ayudan a forjar un carácter. Da para que conteste un sociólogo.

-Vayamos a una más sencilla: ¿el mejor campeón que dirigiste?

-El primer Estudiantes de Olavarría y el segundo Peñarol.

-Un Entrenador.

-Riley fue el primer modelo. Después Popovich, desde lo táctico-estratégico. Scariolo me parece el mejor FIBA de la actualidad. De acá, aprendí mucho de entrenamiento con Huevo (Sánchez) y de gestión con Julio (Lamas). Ya te nombré a demasiados.

-Viviste en unas cuantas ciudades argentinas y del exterior. Imaginá que debés elegir una y quedarte para siempre en esa.

-A ver… Si digo Buenos Aires, no se emociona nadie. Me quedo con Mar del Plata. Es una de las mejores del mundo.

-Termina la pandemia y cesan las restricciones, ¿cuál es tu primer programa? ¿Un asado con tus hijos, una cerveza con los amigos o una cena romántica con tu pareja? 

-(La piensa tres segundos) … Asado con mis hijos. Cuando no estuve con ellos, los extrañé muchísimo. Con mi pareja tengo cenas románticas todas las noches. Y los amigos saben esperar. 

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